Isaac León Frías responde al texto de Claudio Cordero publicado en el post anterior:
En el texto enviado por Claudio Cordero al blog La cinefilia no es patriota con el título Derecho de réplica, detrás del tono sosegado y la apariencia de argumentos razonables, se incurre nuevamente en serios errores de información y, a partir de allí, de apreciación y de valoración. Es elemental lo que voy a decir: no se puede juzgar algo si no se manejan los elementos de juicio básicos. Y Cordero no los maneja, por lo tanto se equivoca, persiste en el error.
Por lo pronto, de las tres películas peruanas que menciona como fraudes artísticos, una no es peruana: Máncora. El director es peruano, las locaciones también lo son, pero la producción es íntegramente española y sólo Margarita Morales Macedo ha ofrecido algunos servicios locales de apoyo, más no como empresa coproductora.
Pero eso no es lo más serio. Al insistir en que CONACINE ha premiado varios fraudes artísticos (¿cuáles, además de Tarata y Cu4tro?), señala que se repiten los mismos nombres de siempre y que se descarta a realizadores dispuestos a correr mayores riesgos.
No es verdad en absoluto que los premios de CONACINE hayan premiado a los mismos nombres de siempre (¿cuáles son?) y, es más, son mayoría los proyectos de operas primas los que han obtenido esos premios. Por ejemplo, en los últimos concursos han ganado Daniel y Diego Vega, Rosario García Montero, Palito Ortega, Alejandro Rossi, Héctor Gálvez, Javier Fuentes, Joel Calero y Flaviano Quispe. Cordero no se informa y por eso dice lo que dice. Eso se llama negligencia e irresponsabilidad. Por otra parte, ¿alguna vez ha escrito algo acerca de los cortos o largos previos (en el caso de Ortega y Quispe o del documental de Calero) de esos realizadores? ¿Qué talentos ignorados por los premios han sido descubiertos por él?
Alonso Izaguirre, después de glosar a Bedoya, pregunta, en una de esas perogrulladas antológicas, "Quién elige a los miembros de esa comisión?" Y responde" Pues, el propio CONACINE". Sí, claro, todas las entidades del mundo que otorgan premios eligen a los jurados o comisiones que deciden a los ganadores, pero eso no significa que son esas entidades como tales las que escogen a los premiados. Por ejemplo, las direcciones de todos los festivales de cine eligen a los miembros de los jurados y eso no significa que los manipulen o los presionen. ¿Quién le atribuye a la organización de un Festival la responsabilidad de premiar a tal a cual película? ¿No son acaso los jurados los responsables? ¿Por qué no en este caso? ¿Quién elige a los miembros del jurado? ¿No están acaso propuestos por la directiva de CONACINE que representa a los diversos estamentos de la actividad fílmica? ¿No hay varios "notables de la cultura" que no tienen que ver con el cine y cuya participación incluso ha motivado críticas de Ricardo Bedoya en este blog? ¿ Se puede acusar a esos escritores, intelectuales, pintores, teatristas, docentes, etc. de actuar de forma manipulada?
Para que lo sepan Cordero, Izaguirre, y todos los desinformados que generan las confusiones y hacen correr las suspicacias que motivan estos textos aclararatorios, ni Bedoya, ni Bustamante, ni de Cárdenas ni yo, ni creo ninguno de los críticos de ese presunto y mal entendido establishment que menciona Castro Cobos, hemos formado parte de los jurados que han decidido los premios para los proyectos de largometraje ni que yo sepa ninguno ha tenido nada ver con las decisiones de esos jurados.
Que los jurados se pueden equivocar, quién lo niega o lo discute. El mismo Fernando Vivas reveló en su columna de El Comercio hace algún tiempo que él no votó por el proyecto que dio lugar a Días de Santiago porque no le pareció un guión convincente, reconociendo que le parecía buena la primera película de Josué Méndez. Y eso ocurre con frecuencia, para bien o para mal. Es muy difícil decidir sobre guiones que en el papel pueden ser muy prometedores y que dan lugar luego a una película mediocre. O al revés, hay guiones por los que uno no apostaría y se convierten en filmes novedosos o curiosos. Hay guiones de apariencia convencional que pueden dar lugar a tratamientos heterodoxos o, incluso, de ruptura.
Claro que debe apoyarse a realizadores dispuestos a correr mayores riesgos, como afirma Cordero, que cualquiera diría tiene información sobre esos proyectos que habrían sido descartados. Pero no la tiene y parte una vez más de los supuestos, de lo que él cree que se está descartando y que no conoce. Y eso lo sostiene además quien ni siquiera se toma la molestia de enterarse de todo lo que se produce en el cine peruano y que pide un cine alternativo, desconociendo que, por reducido que sea, existe ese cine que no se exhibe en los multicines.
Por otro lado, ¿qué cosa es lo que entiende Cordero por mayores riesgos? Tarata, más allá de la valoración que pueda suscitar, es un film encerrado y perplejo y Cu4atro casi un ejercicio de coreografía catatónica. ¿No son propuestas arriesgadas y por eso de muy difícil aceptación del público? Lo mismo ocurre con buena parte de las mejores películas argentinas, muy superiores a esas dos películas peruanas, pero con una cuota de riesgo similar (o a veces mayor) que no alcanzan a tener 10,000 espectadores.
Otro malentendido de los textos de Cordero tiene que ver con la valoración. Dice que El delfín y Motor y motivo son “menos malas” que Tarata y Cu4tro. No creo que nadie, que no esté tan identificado con sus propios preconceptos, pueda hacer tal afirmación, especialmente en el caso de Motor y motivo, una realización chapucera por donde se la mire. Y con eso, además, incurre en una flagrante contradicción, pues opone dos películas que están pensadas en función del mercado a otras dos que no lo están, o al menos no en los términos en que se formulan El delfín y Motor y motivo. Para qué pedirle, entonces, a CONACINE que apoye a realizadores que estén dispuestos a correr mayores riesgos. ¿Qué riesgos? Creo que Cordero no tiene una noción clara de lo que está pidiendo y por eso su balance del 2009 es una amalgama de errores y contradicciones.
Dice también Cordero que "a veces el pueblo sabe más que los expertos". ¿A qué se refiere? ¿A que El delfín y Motor y motivo han tenido muchos más espectadores que Tarata y Cu4tro? Ninguna de las películas del argentino Lisandro Alonso ha hecho, hasta donde sé, más de 10,000 espectadores y buena parte del llamado nuevo cine argentino ofrece cifras parecidas. A las películas de la nouvelle vague se les acusó de haber hundido a la industria francesa. Las películas de Glauber Rocha y del cinema novo brasileño fueron fracasos de público. Sí, desde luego, el pueblo sabe más de los expertos sobre lo que le gusta, pero quien tiene un poco más de conocimiento no puede hacer de eso un postulado populista. Ese pueblo que a veces "sabe más que los expertos" no es el que iría a ver las películas de Haneke o de Tsai Min-liang, de Godard o de Rivette.
Esa referencia se llama simple demagogia y con ese argumento podemos descartar buena parte del llamado cine de autor que se ha hecho y se hace en el mundo. Claro que el periodista puede alinearse al lado del público mayoritario, es su derecho y es lo que hacía Alfonso Delboy de manera muy consecuente.
Sin embargo, es una enorme contradicción sostener que el pueblo sabe más que los expertos y por otro lado pedirle a los jurados de CONACINE que apoyen a los realizadores dispuestos a correr mayores riesgos. Encima, Cordero trata de justificar esa frase afirmando que las películas peruanas generan una sensación de aburrimiento y hastío. ¿Entre quiénes, si el público que las ve es muy escaso? En el caso de la mayor parte de esos "fraudes artísticos" ese público no pertenece al "pueblo"? Es el público de los multicines de Miraflores, San Borja y Surco.
Finalmente, una alusión al inefable Castro Cobos que dice con la ligereza de siempre hablando de los "señores tan adorables y entretenidamente risibles", frase que merecería un largo comentario ( no sé a quiénes se refiere, además de Bedoya, Bustamante, seguramente Contreras y a mí), "como si no supieran que ustedes son parte del establishment".
El que parece que todavía no se ha enterado de que es parte del establishment es el mismo Castro Cobos. ¿Cuál es el establishment local? Supongo que se está refiriendo a lo que sería el "establishment cinematográfico" pese a que no lo dice y no creo que esté mencionando ni el establishment gubernamental ni a los más ricos del país. Entonces, ¿no somos parte de ese "establishment" todos los que de una manera u otra estamos involucrados en las prácticas fílmicas o de cultura cinematográfica ¿O es que Castro Cobos se siente en un espacio único de marginalidad?
Isaac León Frías
Por lo pronto, de las tres películas peruanas que menciona como fraudes artísticos, una no es peruana: Máncora. El director es peruano, las locaciones también lo son, pero la producción es íntegramente española y sólo Margarita Morales Macedo ha ofrecido algunos servicios locales de apoyo, más no como empresa coproductora.
Pero eso no es lo más serio. Al insistir en que CONACINE ha premiado varios fraudes artísticos (¿cuáles, además de Tarata y Cu4tro?), señala que se repiten los mismos nombres de siempre y que se descarta a realizadores dispuestos a correr mayores riesgos.
No es verdad en absoluto que los premios de CONACINE hayan premiado a los mismos nombres de siempre (¿cuáles son?) y, es más, son mayoría los proyectos de operas primas los que han obtenido esos premios. Por ejemplo, en los últimos concursos han ganado Daniel y Diego Vega, Rosario García Montero, Palito Ortega, Alejandro Rossi, Héctor Gálvez, Javier Fuentes, Joel Calero y Flaviano Quispe. Cordero no se informa y por eso dice lo que dice. Eso se llama negligencia e irresponsabilidad. Por otra parte, ¿alguna vez ha escrito algo acerca de los cortos o largos previos (en el caso de Ortega y Quispe o del documental de Calero) de esos realizadores? ¿Qué talentos ignorados por los premios han sido descubiertos por él?
Alonso Izaguirre, después de glosar a Bedoya, pregunta, en una de esas perogrulladas antológicas, "Quién elige a los miembros de esa comisión?" Y responde" Pues, el propio CONACINE". Sí, claro, todas las entidades del mundo que otorgan premios eligen a los jurados o comisiones que deciden a los ganadores, pero eso no significa que son esas entidades como tales las que escogen a los premiados. Por ejemplo, las direcciones de todos los festivales de cine eligen a los miembros de los jurados y eso no significa que los manipulen o los presionen. ¿Quién le atribuye a la organización de un Festival la responsabilidad de premiar a tal a cual película? ¿No son acaso los jurados los responsables? ¿Por qué no en este caso? ¿Quién elige a los miembros del jurado? ¿No están acaso propuestos por la directiva de CONACINE que representa a los diversos estamentos de la actividad fílmica? ¿No hay varios "notables de la cultura" que no tienen que ver con el cine y cuya participación incluso ha motivado críticas de Ricardo Bedoya en este blog? ¿ Se puede acusar a esos escritores, intelectuales, pintores, teatristas, docentes, etc. de actuar de forma manipulada?
Para que lo sepan Cordero, Izaguirre, y todos los desinformados que generan las confusiones y hacen correr las suspicacias que motivan estos textos aclararatorios, ni Bedoya, ni Bustamante, ni de Cárdenas ni yo, ni creo ninguno de los críticos de ese presunto y mal entendido establishment que menciona Castro Cobos, hemos formado parte de los jurados que han decidido los premios para los proyectos de largometraje ni que yo sepa ninguno ha tenido nada ver con las decisiones de esos jurados.
Que los jurados se pueden equivocar, quién lo niega o lo discute. El mismo Fernando Vivas reveló en su columna de El Comercio hace algún tiempo que él no votó por el proyecto que dio lugar a Días de Santiago porque no le pareció un guión convincente, reconociendo que le parecía buena la primera película de Josué Méndez. Y eso ocurre con frecuencia, para bien o para mal. Es muy difícil decidir sobre guiones que en el papel pueden ser muy prometedores y que dan lugar luego a una película mediocre. O al revés, hay guiones por los que uno no apostaría y se convierten en filmes novedosos o curiosos. Hay guiones de apariencia convencional que pueden dar lugar a tratamientos heterodoxos o, incluso, de ruptura.
Claro que debe apoyarse a realizadores dispuestos a correr mayores riesgos, como afirma Cordero, que cualquiera diría tiene información sobre esos proyectos que habrían sido descartados. Pero no la tiene y parte una vez más de los supuestos, de lo que él cree que se está descartando y que no conoce. Y eso lo sostiene además quien ni siquiera se toma la molestia de enterarse de todo lo que se produce en el cine peruano y que pide un cine alternativo, desconociendo que, por reducido que sea, existe ese cine que no se exhibe en los multicines.
Por otro lado, ¿qué cosa es lo que entiende Cordero por mayores riesgos? Tarata, más allá de la valoración que pueda suscitar, es un film encerrado y perplejo y Cu4atro casi un ejercicio de coreografía catatónica. ¿No son propuestas arriesgadas y por eso de muy difícil aceptación del público? Lo mismo ocurre con buena parte de las mejores películas argentinas, muy superiores a esas dos películas peruanas, pero con una cuota de riesgo similar (o a veces mayor) que no alcanzan a tener 10,000 espectadores.
Otro malentendido de los textos de Cordero tiene que ver con la valoración. Dice que El delfín y Motor y motivo son “menos malas” que Tarata y Cu4tro. No creo que nadie, que no esté tan identificado con sus propios preconceptos, pueda hacer tal afirmación, especialmente en el caso de Motor y motivo, una realización chapucera por donde se la mire. Y con eso, además, incurre en una flagrante contradicción, pues opone dos películas que están pensadas en función del mercado a otras dos que no lo están, o al menos no en los términos en que se formulan El delfín y Motor y motivo. Para qué pedirle, entonces, a CONACINE que apoye a realizadores que estén dispuestos a correr mayores riesgos. ¿Qué riesgos? Creo que Cordero no tiene una noción clara de lo que está pidiendo y por eso su balance del 2009 es una amalgama de errores y contradicciones.
Dice también Cordero que "a veces el pueblo sabe más que los expertos". ¿A qué se refiere? ¿A que El delfín y Motor y motivo han tenido muchos más espectadores que Tarata y Cu4tro? Ninguna de las películas del argentino Lisandro Alonso ha hecho, hasta donde sé, más de 10,000 espectadores y buena parte del llamado nuevo cine argentino ofrece cifras parecidas. A las películas de la nouvelle vague se les acusó de haber hundido a la industria francesa. Las películas de Glauber Rocha y del cinema novo brasileño fueron fracasos de público. Sí, desde luego, el pueblo sabe más de los expertos sobre lo que le gusta, pero quien tiene un poco más de conocimiento no puede hacer de eso un postulado populista. Ese pueblo que a veces "sabe más que los expertos" no es el que iría a ver las películas de Haneke o de Tsai Min-liang, de Godard o de Rivette.
Esa referencia se llama simple demagogia y con ese argumento podemos descartar buena parte del llamado cine de autor que se ha hecho y se hace en el mundo. Claro que el periodista puede alinearse al lado del público mayoritario, es su derecho y es lo que hacía Alfonso Delboy de manera muy consecuente.
Sin embargo, es una enorme contradicción sostener que el pueblo sabe más que los expertos y por otro lado pedirle a los jurados de CONACINE que apoyen a los realizadores dispuestos a correr mayores riesgos. Encima, Cordero trata de justificar esa frase afirmando que las películas peruanas generan una sensación de aburrimiento y hastío. ¿Entre quiénes, si el público que las ve es muy escaso? En el caso de la mayor parte de esos "fraudes artísticos" ese público no pertenece al "pueblo"? Es el público de los multicines de Miraflores, San Borja y Surco.
Finalmente, una alusión al inefable Castro Cobos que dice con la ligereza de siempre hablando de los "señores tan adorables y entretenidamente risibles", frase que merecería un largo comentario ( no sé a quiénes se refiere, además de Bedoya, Bustamante, seguramente Contreras y a mí), "como si no supieran que ustedes son parte del establishment".
El que parece que todavía no se ha enterado de que es parte del establishment es el mismo Castro Cobos. ¿Cuál es el establishment local? Supongo que se está refiriendo a lo que sería el "establishment cinematográfico" pese a que no lo dice y no creo que esté mencionando ni el establishment gubernamental ni a los más ricos del país. Entonces, ¿no somos parte de ese "establishment" todos los que de una manera u otra estamos involucrados en las prácticas fílmicas o de cultura cinematográfica ¿O es que Castro Cobos se siente en un espacio único de marginalidad?
Isaac León Frías


